martes, 1 de febrero de 2011

Lectura de ocasión

A pesar que me resistía a escribir de todos estos temas, me es imposible no hacer alusión a esta horrible violencia que nos empapa.


México es un país que ha sabido vivir con su narcotráfico, pero como era de esperarse y como lo maraca la evolución de la historia en esos países que han tenido este misma situación estamos llegando a la cumbre del problema.

Al parecer los grupos delictivos algo organizados empiezan a usar tácticas bélicas para el combate que sostiene con el gobierno, así como con sus grupos rivales, la razón de estos enfrentamientos para mi es clara, dinero, siempre dinero, y todo lo que viene consecuente mente con él.

El gobierno hiso su intervención cuando los grupos delictivos empezaron a mermar la vida cotidiana de civiles, usando el secuestro, robo, extorciones como fuente de ingresos para sostener la lucha con gobierno y grupos rivales. Y de esta forma afectaron gravemente la economía del país y por lo tanto de sus políticos dirigentes (obvio reaccionaron).

Aparente mente nosotros somos las víctimas de la situación, y pues tal vez en gran medida así sea. Pero nuestra gran responsabilidad está en nunca haber reaccionado el daño de la corrupción en nuestra cultura, pues nos acostumbramos a la extorción, desde el tendero que soborna al inspector de salud, hasta el político que recibe dinero del narco, al ver esto como nuestro día a día, es así como creamos el génesis de todo el problema.

Yo creo que la solución más viable es cambiar esto poco a poco, pero es muy complicado ya que en el camino hay que encontrar una solución para acabar primero con la violencia que está matando mexicanos trabajadores y valientes que salen todos los días a jugarse la vida.

Está bien combatir el problema con fuerza militar, pero al mismo tiempo tenemos que cambiar nuestra visión egoísta y sorprendente mente limitada de nuestro país. Yo creo esta es el camino a la renovación.

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